jueves, 6 de agosto de 2015

Si algo define a la vida de Gala Éluard Dalí (Rusia, 1894) es la intensidad. En efecto, esta mujer que ha trascendido a la dimensión de divinidad en las artes no solo acompañó a Salvador Dalí durante varias décadas hasta su muerte, sino que además fue musa y amante de buena parte de los paladines del surrealismo.

La Paciencia: Las intensidades surrealistas de Gala

Gala / Pintura de Salvador Dalí
Gala / Pintura de Salvador Dalí
“Su vida se inició en la Rusia zarista y tuvo como origen una familia vinculada a la exquisitez de las artes y la cultura, de forma que el fenómeno estético siempre fue cercano a ella”

Si algo define a la vida de Gala Éluard Dalí (Rusia, 1894) es la intensidad. En efecto, esta mujer que ha trascendido a la dimensión de divinidad en las artes no solo acompañó a Salvador Dalí durante varias décadas hasta su muerte, sino que además fue musa y amante de buena parte de los paladines del surrealismo.
Su vida se inició en la Rusia zarista y tuvo como origen una familia vinculada a la exquisitez de las artes y la cultura, de forma que el fenómeno estético siempre fue cercano a ella. Quizá fue esa familiaridad con este tipo de cosas lo que redundó en un ojo privilegiado para reconocer el genio artístico cuando este se manifestaba.
La joven Gala tuvo una frágil salud y estuvo aquejada de tuberculosis por lo que debió ser recluida en un sanatorio en Suiza, que es donde justamente conoció a quien sería su primer marido, Paul Éluard. La relación entre ambos fue más bien de corte platónico en sus inicios y a los dos les unía el gusto por la poesía y por los aspectos sutiles de la vivencia. Luego de que la joven regresase a Rusia, después de su internación, comenzó a padecer todo tipo de dolencias psicosomáticas por lo que eventualmente abandonó a su familia para dirigirse a París al lado de Éluard. En ese instante se inició una vertiginosa carrera encuadrada en el más impecable surrealismo y con toda la potencia propia de una diva sagrada de las artes.
En el año de 1929 conoció, en el contexto de una cofradía de surrealistas, a Salvador Dalí. El encuentro tuvo todos los ribetes de los estrambótico y lo absurdo, de forma que el genio surrealista estalló en una risa histérica y desquiciada al conocerla. Fue para esa época que el propio Dalí admitió que había conocido literalmente a la mujer de sus sueños. En efecto, ya había representaciones de Dalí que figuraban aspectos de la corporalidad de Gala, aun sin conocerla.
Pero uno de las cosas que caracterizó a Gala fue una sexualidad sumamente poco ortodoxa en la que abundaron multiplicidad de amantes y donde eran usuales todo tipo de prácticas. No obstante, ella no manifestó interés por la bisexualidad aun cuando sus parejas hombres si tuviesen marcadas tendencias en ese sentido. De hecho, mientras vivió con Paul Éluard, la pareja vivía en un exquisito ménage à trois con el también artista surreal Max Ernst, quien realizó una profusa obra en las propias paredes de la casa de la pareja. Asimismo, era usual la práctica del candaulismo, mediante la cual el hombre disfruta lascivamente al ver a su mujer con otros hombres. En el caso de Dalí, no obstante, esto adquirió una dimensión singularmente exótica en el sentido de que este se mantuvo virgen hasta muy tarde y siempre evitaba contacto físico con sus parejas. Esto ha sido comentado, igualmente, en torno a Andy Warhol, aun cuando ultimadamente no puede ser plenamente corroborado. En torno a Dalí, lo importante era lo relativo a lo voyeur y al onanismo.
Sin embargo, el carácter pragmático de Gala fue lo que facilitó darle “conexión a tierra” al genio trascendente y desbordado de Dalí. La musa, de una manera sumamente estricta, le imponía no solo la disciplina de trabajo, sino que le hacía cumplir con las metas exigidas por el mercado de la plástica. Asimismo, ella influyó categóricamente en el sentido de que el arte de Dalí tuviera un carácter universal. Se ha llegado a decir que sin Gala, Dalí hubiera naufragado con una propuesta que hubiera estado plagada de un ego que le hubiera resultado contraproducente.
Las propiedades paranormales de Gala fue otro de los aspectos notables de su existencia. En torno a ello, el mismo Dalí comentaba que la musa era infalible en el arte del tarot y que poseía facultades de médium. Varios eventos predichos por ella, tanto en relación con la fatalidad como en lo relativo al éxito sin precedentes de determinadas obras así lo demuestran.
No obstante haber sido almas gemelas y espejo el uno del otro durante varias décadas, los tiempos finales de la pareja estuvieron signados por las peleas y el melodrama. Fueron en estos últimos años comunes los conflictos de amantes tormentosos. La categoría de diva sagrada a la que accedió Gala Éluard Dalí es la que le mantiene en esa dimensión atemporal de las artes, una vivencia que perdura para siempre y desde siempre, más allá de su muerte acaecida en 1982.

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